domingo, 12 de abril de 2009

Cuba, Chávez, Irán y el "nuevo orden geopolítico"



Como quiénes no quieren la cosa (O la ilusoria nueva geopolítica iconoclasta y forajida del régimen cubano, promocionada por Chávez)

Santiago José Guevara García

Una curiosa, si no fuera previsible, campaña mediática centrada en el presidente Chávez, aunque orquestada desde La Habana, pretende dar por sentados dos fenómenos políticos que se venden como en un 2 x 1: el “ocaso” del capitalismo y la existencia de un mundo “pluripolar”.

Vanas ilusiones; desconocimiento de la corriente principal de las tendencias económicas, políticas y geopolíticas actuales; manejo dirigido al ego chavista y operación altamente rentable a la declinante nomenklatura fidelista.

Vanas ilusiones. En malabarismo típico de mujiquitas, Prensa Latina presenta una nota según la cual “con su visita hoy a Cuba, el presidente venezolano, Hugo Chávez, concluye una gira internacional que en su criterio reafirmó la aparición de nuevos polos de poder en el mapa mundial hacia una nueva geopolítica”. O sea, la gira de Chávez consolidó nuevos polos geopolíticos mundiales, capaces de cambiar la correlación actual. Pretencioso, por decir lo menos. Guardaremos los calificativos precisos para el final.

Desmontemos la afirmación: El mundo árabe prooccidental sabe muy bien lo que busca. Y no es ninguna aventura bi o multipolar. Respeto a su cultura, geopolítica regional, acumulación inteligente de riqueza nacional por la vía de unas excelentes relaciones con el mundo capitalista más opulento y logro de un mundo más estable, son sus criterios de éxito.

Por cierto, con distancia respecto al otro polo de la vana geopolítica chavista: el persa. Ahí sí está el eje de una pretensión iconoclasta y forajida de implicaciones mundiales. Distante del mundo árabe por razones históricas, metido en una carrera nuclear de pronóstico reservado y con muy poco valor agregado adicional para su pretensión mundial.

De Japón, todos sabemos en cuál mundo juega. Por lo demás, en serios aprietos económicos desde mucho antes de la crisis.

China, distante esperanza de los iconoclastas del mundo para una nueva bipolaridad, apunta, en el contexto del modelo actual de globalización, a ser el gran “paraíso productivo” del capital transnacional más cercano a los fines de explotación, especulación y desregulación y, como pago, el gran beneficiario de la nueva macroeconomía, basada en desequilibrios externos y fiscales. Hoy, China es la gran esperanza de la economía global dominante. Y ése será su juego.

Finalmente, Cuba: gran proxeneta de la pretendida pluripolaridad, proveedor de la argucia política y fuerza represiva ausente en la cleptocracia militar y populista que nos gobierna. Pero, en un proceso en el cual los “raulistas” tendrán que sopesar entre las posibilidades de una distensión con Estados Unidos y el mantenimiento de su mascarada izquierdista. Es imposible pensar que en el primer escenario, Venezuela (el abusado financista) no forme parte de los trade-off normalizadores.

Algunos escenarios, entonces, apuntan a una bi o multi polaridad “forajida”. Pero, las tendencias son otras.

Desconocimiento de la corriente principal de las tendencias actuales. En otra nota, la infaltable agencia cubana, por boca de otro panegirista de Chávez, sitúa su gira y la de Obama, en situación de paralelismo, por el mero hecho de la coincidencia temporal. También pretencioso. ¿No les parece?

Pareciera que los datos y hechos no valen. No saber diferenciar entre el viejo G8 y el nuevo G20, por ejemplo. En el primero ya estaban dos de los supuestos pilares de “la nueva geopolítica”: Japón y Rusia (este último, a su vez, pretendido miembro de la geopolítica iconoclasta anhelada por Chávez). Y de nada valió, para el analista, la presencia, en rol de interlocutores relevantes en el diseño del G20, de Brasil (dicho sea, en rol estelar), México, Argentina, India, Sudáfrica, Arabia Saudí, Australia, Indonesia, Turquía... ¡y China!

No es, entonces, como dice el desorientado analista, una “geopolítica del norte”. A menos que el chavismo se haya planteado también subvertir los puntos cardinales. Resulta patética la afirmación de que “Venezuela está marcando el movimiento emergente de una nueva política del sur, que sin duda alguna se sienta sobre la base de la convicción de que dentro del capitalismo no es posible salir de la crisis”. Como si mirarse el ombligo es una buena práctica para orientarse. O suponer que Chávez, Castro o Ahmadinejad disponen de un modelo sociopolítico y económico sostenible, que no sea por la vía del usufructo de un mecenas interesado o incauto o por razones celestiales. Lo que no sabe el fulano analista es que el capitalismo no está en crisis. Lo está su modo financiero especulativo. Ese es un cantar que requiere muy buen oído. El cual, de toda evidencia no está presente. El manejo no es tanto lo pretencioso como lo pobre.

Manejo dirigido al ego chavista. No podía faltar. No es que Chávez sea el factótum del sistema. Aunque él se lo crea. Es sólo su gran histrión. La base de poder fuerte del asunto está en Cuba y sectores de las Fuerzas Armadas venezolanas. Lo de la gente que lo apoya es puro cuento. Siempre ha sido y seguirá siendo voluble.

Pero el histrión requiere ser salvaguardado. Incluso de su incontenible verborrea. Ya en anterior reunión en tierras árabes –en aquel caso, de la OPEP- había sido puntualizado (por no decir reprendido) sobre el papel del comercio de productos naturales, en la óptica saudí. Ahora, nuevamente, se empeña en ilusorios anhelos geopolíticos, los cuales, para nada influirán la conspicua diplomacia árabe.

El eje conceptual del manejo rastacuerista de las agencias cubanas se centra en el supuesto de que la gira internacional de Chávez reafirma una nueva geopolítica, al afirmar que en su opinión “está naciendo un mundo nuevo, un nuevo equilibrio y orden mundial en sustitución del mundo unipolar que pretendió imponer Estados Unidos y el centro de gravedad del planeta se mueve hacia el Este y hacia el Sur”.

Como si ya no existiera, con papel relevante de Asia, lo que en el pasado he llamado el “concierto global”; es decir, “un entramado organizacional virtual altamente descentralizado y dinámico, en el que pueden coexistir, con un largo etcétera, el predominio de la música de cámara europea y del rock inglés; gastronomías francesa, italiana y otras; capitales y empresas norteamericanas; el catolicismo romano, el protestantismo medio europeo, el Islam y religiones orientales; los beisbolistas latinos; las “misses” venezolanas; investigación y desarrollo hindúes; alianzas chino–norteamericanas y norteamericano–europeas de centros de excelencia académica; una macroeconomía norteamericana dependiente del extranjero y la concentración de la producción industrial en China, Corea, India, Europa o Brasil. Eso, al mismo tiempo que la experiencia de la Unión Europea, un experimento de construcción supranacional y armonización de los distintos niveles geográficos en que se organiza la actividad humana, exitoso en muchos aspectos, junto con la aterradora deconstrucción del statu quo mundial conocido, debida al terrorismo, las guerras de resistencia en diversos ámbitos y la geopolítica de Chávez, Ahmadinejad… y ¡cuidado si Putin y otros!”. Eso lo decíamos hace dos años –incluso mereció un comentario de Francis Fukuyama-, pero la nomenklatura cubana lo pone ahora en boca de Chávez. Como si estuvieran descubriendo el Polo Sur.

Operación de alta rentabilidad al castrismo. La lógica ineluctable de la mutua apertura cubano-norteamericana va a desechar a Chávez en el camino más pronto que tarde, pero no tanto como para que la nomenklatura habanera vaya a perderse los últimos recursos nacionales para apuntalar su propia acumulación. Fidelista que no es chulo se muere chiquito, parafraseando un viejo dicho venezolano.

La historia de apropiación de los recursos venezolanos es corta pero sustanciosa. En este preciso momento se perfecciona con la “posición conjunta” de los países del ALBA para su participación en la Cumbre de las Américas. Con el cuento del Gallo Pelón de que Venezuela “está en el epicentro de la jugada geopolítica”, y que “busca fortalecer la red de relaciones alternativas en lo político, económico, energético, social y cultural que hemos estado construyendo”.

Ahora, el tema de moda será el de la moneda común. Después del “rotundo éxito” de la reconversión monetaria chavista, es de esperar que la pretendida moneda se constituya en unidad de cuenta respetada del pretendido nuevo orden. Chávez todavía cree que crear una moneda es ordenar imprimirla. Ni siquiera sabe que existe la coordinación de políticas de estabilización. Para él y sus focas, eso es neoliberalismo.

Si no fuera porque toda la historia es de su absoluta responsabilidad, sin aprobación nacional, todos los venezolanos estaríamos avergonzados de tamaño ridículo. Llegará el momento de saldar la costosa estafa histórica.

No hay comentarios:

Publicar un comentario